Los smartphones son, probablemente, el campo tecnológico en el que más está avanzando la humanidad en los últimos años. La potencia de los dispositivos se multiplica de año en año, y cada pocos meses aparecen innovaciones que terminan imponiéndose en el mercado. ¿Hacia dónde se dirige esta escalada vertiginosa de tecnología? ¿Qué podemos esperar de los móviles del futuro?
Empecemos por lo que consideramos que no nos traerá el futuro, al menos de un modo inmediato: pantallas curvas. Los experimentos de LG y Samsung en este campo son interesantes, pero es poco probable que vayan a imponerse a corto plazo, principalmente porque el coste que supone crear estos dispositivos curvos no se justifica por su utilidad. Sin embargo, sí que veremos (como llevamos viendo hasta ahora) móviles cada vez más ligeros y potentes, dentro de lo posible. ¿Y qué podría frenar este desarrollo que hasta ahora parecía imparable? Veámoslo.
Una de las principales barreras en el desarrollo de los teléfonos móviles es la batería. Por una parte, restringe la autonomía del dispositivo (pocos smartphones pueden actualmente pasar más de un día alejados de un enchufe), y por otra, restringen el diseño. Las baterías actuales de Li-Po (una evolución del ión-litio) son más ligeras y potentes que todas sus antecesoras, pero siguen siendo una de las partes más voluminosas y pesadas del dispositivo. Además, aunque ya no necesitan tener una forma específica (hasta hace unos años, necesitaban ser cilíndricas), sí que siguen necesitando ser rígidas.
Así pues, las líneas de investigación en materia de baterías están enfocadas a aumentar su capacidad de carga y disminuir su tamaño y peso. Por el momento, el Litio sigue siendo el material que mejor densidad de energía consigue, así que es poco probable que pueda sustituirse a corto plazo. Sí que hay planes, en cambio, para sustituir los actuales ánodos de grafito por aleaciones de silicio y grafeno, lo que según la empresa California Lithium Battery, mejorará notablemente la potencia.
Antes hemos dicho que el litio sigue siendo el mejor material para fabricar baterías, y es cierto, pero eso no significa que sea el único. El litio, pese a sus magníficas prestaciones, tiene el inconveniente de ser un material escaso y caro. El sodio, por ejemplo, también es capaz de almacenar energía, y podría servir para crear baterías increíblemente baratas, aunque con menores prestaciones que las de litio. Estas baterías incrementarían levemente el peso y el grosor de los smartphones, pero harían caer dramáticamente su precio. Otro de los posibles caminos es el de las baterías de azúcar, actualmente investigado por la universidad Virginia Tech, que propone baterías orgánicas y completamente ecológicas (aunque se encuentran en una fase temprana de desarrollo).
Esta última tecnología es especialmente interesante, ya que su uso no se restringe a los teléfonos móviles. Las baterías de azúcar tienen una durabilidad bastante baja, pero pueden recargarse, simplemente, añadiendo más azúcar. Así que es posible que en un futuro nuestros teléfonos móviles no necesiten carga, sino combustible: un sobrecito de azúcar cada dos días, por ejemplo. El tiempo de carga sería prácticamente nulo, podríamos pasar meses alejados de una red eléctrica con nuestros teléfonos a pleno rendimiento, y sobre todo, sería increíblemente ecológico.
¿Y qué hay de su uso? Pues hay dos grandes posibles vías, no necesariamente excluyentes. Por una parte numerosos expertos, como Anett Gläsel-Maslov, apuestan por la integración de la tecnología móvil en nuestra vida cotidiana, pero no necesariamente con la forma que tienen actualmente los smartphones. Así, es posible que en pocos años todas las funciones que actualmente realiza un teléfono móvil (y muchas más) las realicen unas gafas de realidad aumentada, como las conocidas Google Glass. También, como proponía la recientemente estrenada película Her, es posible que las pantallas vayan perdiendo importancia con el tiempo y la mayor parte de las órdenes que se den al dispositivo sean orales.De este modo, podríamos encontrarnos pronto con dispositivos que reconocen perfectamente nuestra voz y sólo nos obedecen a nosotros, y que comprenden casi perfectamente el lenguaje natural. De hecho, esta tecnología ya es posible, y simplemente está a la espera de que alguna gran compañía apueste por ella. Esto permitiría ahorrar en pantalla, que es uno de los elementos que más encarece los dispositivos móviles, y sobre todo en batería, puesto que la propia pantalla es el principal consumidor de electricidad. Se calcula que con esta tecnología podríamos tener smartphones con las mismas funciones que los actuales (excepto, obviamente, las visuales) por un precio muchísimo menor y con una autonomía de varias semanas.
Sin embargo, viendo los esfuerzos que está haciendo la industria para conseguir pantallas más nítidas, duraderas y con mejores colores, el anterior es un escenario poco probable. Además, admitámoslo: un smartphone de gama alta se ha convertido en un símbolo de status, y la calidad de estos dispositivos se mide, a primera vista, por su pantalla. Así, lo más probable es que sigamos viendo pantallas nítidas, colores vivos y juegos con gráficos cada vez más elaborados gracias a las mejoras de los procesadores.
Estos procesadores serán, de hecho, la clave en el desarrollo de los nuevos smartphones. Cada año se reduce considerablemente la diferencia entre la capacidad de procesamiento de un móvil y un PC. De hecho, ya tenemos smartphones con 4 núcleos de 64 bits, algo que hasta hace unos años era impensable incluso para PCs de sobremesa. Así pues, es de esperar que las diferencias entre ambos terminen volviéndose insignificantes.
No es demasiado osado pensar que, en breve, nuestro ordenador será nuestro teléfono. Al llegar a casa, dejaremos nuestro smartphone en una superficie que, además de cargarlo sin cables, activará una conexión inalámbrica con una pantalla y un teclado, y les servirá de CPU. De hecho, excepto para los jugones más exigentes, la potencia de un telefóno móvil de gama alta es ya hoy en día suficiente para las tareas más cotidianas de un ordenador doméstico: navegar por internet, ver películas o series, utilizar el paquete Microsoft Office... Es posible que en poco tiempo no seamos capaces de recordar una época en la que los ordenadores y los teléfonos eran dispositivos diferentes.
Créditos vadejuegos.





No hay comentarios:
Publicar un comentario